martes, 20 de mayo de 2014

Capítulo 1

Salí del salón de ensayos del brazo de mi profesor. Me hizo entrar a la sala de conciertos. Estaban arreglando la escenografía para un ballet  de danza clásica. Los bailarines practicaban en sus lugares. Nos acercamos a uno:
-           ¡Hola Francisco! - Saludó.
-           ¡Hola Pablo! -  Respondió mi profesor.
“¡¿Francisco?!” Pensé
-           ¿Qué te trae por acá?
“Ojala lo supiera”
-           En realidad vine para preguntarte si mi alumna puede presenciar el ensayo. Es de mis mejores alumnas y me gustaría que viera un espectáculo profesional.
Me puse roja: “¿De verdad? ¿De sus mejores alumnas? ¡Genial!”
-           ¿Ah, sí? ¿Te gusta bailar niña? – Me preguntó.
“¿Ya mencioné que odio que me digan niña?”
-           Yo… Sí señor.
-           ¿Alguna vez viste un ballet profesional?
-           No señor.
Sonrió.
-           No hace falta que me llames señor, decime simplemente Pablo. Y… ¿Te gustaría ver uno? Porque aún hay lugar para una persona más si digo que sos de mi equipo…
-           ¡Me encantaría!
-           Perfecto, voy a hablar con el director. – Dijo y se fue.
-           Creo que te va a gustar este ballet, es muy bueno. Una lástima que sea para una película, de un musical, más precisamente. – Comentó “Francisco”
-           Señor… ¿De verdad soy una de sus mejores alumnas? – Pregunté tímidamente.
-           Si Idöia, sos una muy buena bailarina, tu postura es muy buena, tenés mucho equilibrio,  hacés piruetas dos niveles más avanzadas que el tuyo y se nota a la legua que la danza te apasiona.
-           Yo… Muchas gracias señor. Es mucho viniendo de usted. – Dije como un tomate.
-           No es nada. – Dijo riendo.
Vimos a Pablo volver corriendo.
-           ¡Listo! Te podés sentar por allá niña, estamos por empezar. – Me dijo.
Fui a sentarme todavía con las mejillas ardiendo, pero lo que vi de camino me hizo palidecer. En la fila delante de la mía, estaba sentado Marcelo Di Madrone, director del mejor instituto de danza del país y mi ídolo, junto con dos de sus profesores, varios críticos reconocidos y Lucas Gelderman, el chico que más odio en toda mi escuela.
“¡¿Se puede saber que hace él acá?!” Pensé atónita. “¿Desde cuándo tiene algo que ver con la danza?”
Fui a sentarme rogando que no me viera, pero Di Madrone me llamó:
-           ¡Niña! ¿Qué haces aquí?
-           Yo… Soy del equipo de Pablo señor.
-           Ah ¿Si? ¿Qué parte de su equipo? – Preguntó con el ceño fruncido.
-           Soy su… Soy su peluquera señor. – Mentí nerviosa
-           Ah ¡Perfecto! Nuestra peluquera no va a venir y necesitamos otra urgente. – Dijo ya más contento, (por suerte).
-           Ah, de acuerdo. – Dije confundida. “¿Por qué me habrá dicho...? Ah.” - Usted… Usted quiere que…
-           ¡Por supuesto niña! Sabes quién soy ¿Verdad?
-           Sí señor. Usted es Marcelo Di Madrone. Yo… lo admiro señor. – Dije mirando a Lucas de reojo. Ya había terminado de hablar con uno de los críticos y miraba el escenario pensativo.
-           ¡Maravilloso, niña! Entonces ¿Aceptas?
-           Yo… Por supuesto señor. – Respondí nerviosa. “¿Cómo voy a hacer para peinar bailarinas profesionales, si lo único que sé hacer es una trenza muy desarmada?”
Sonó un timbre y empezó la obra. Fui a sentarme rápido, con la esperanza de que Lucas no me hubiera visto, y me relajé para disfrutar el ballet.
Al final del baile sonó otro timbre y comenzó el receso. Ya de mejor humor, decidí ir afuera. Me arrepentí casi al instante. Afuera me esperaba… mmm…  él. Era Tomás Castilla. Mi reciente ex novio.  Mejor actuar con indiferencia: suspiré fuerte e intenté volver adentro. Intenté, no pude. Él me agarró del brazo. Típico.
-           Hey, esperá. – Me dijo.
-           Tomás ya te dije que no quiero hablar con vos.
-           No me vas a poder evitar por siempre, esperá por favor.
 Ojalá no hubiera dicho algo tan lógico. Me solté.
-           ¿Qué? – Dije de mala manera.
Fue entonces que noté una sombra en la puerta. “Seguro es un árbol.” Pensé. Ojalá hubiera pensado otra cosa.
-           Idöia yo… Perdonáme ¿Si? ¡Por favor! No puedo soportar que sigas evitándome. Idöia por favor…
-           ¡¿Por favor qué Tomás?! ¡Si ni siquiera sabés lo que me hiciste! – Estallé furiosa.
-           Entonces por favor explicáme ¡¿Cómo querés que me disculpe si ni siquiera me explicás que te hice?!
-           ¡No quiero que te disculpes!
-           Entonces ¡¿Qué se supone que haga para estar con vos de vuelta?! ¡Decime! Haría cualquier cosa.
-           Uf, genial. Ahora ponéte melodramático.
Sonrió.
-           Por supuesto mi bella damisela.
-           Yo…
“¿Soy yo o está muy cerca?”
-           Creo… Creo que estabas más lejos. – ¡Vaya! Comentario inteligente de mi parte.
-           Supongo. – Dijo con una sonrisa triste y se alejó. - ¿Entonces? ¿Me harías el favor de explicarme que te pasa?
-           Yo… - “¡Agh! Detesto cuándo me hace eso. Me quedo mirando su cara como una idiota y… Ufff, que ojos.” Pensé atontada. – Los vi.
“Ajá, eso le borró la sonrisa de la cara.”
-           ¡¿Cómo?!
-           Te estoy diciendo que los ví, Tomás
-           No sé de qué estás hablando.
“Claro, ahora hacete el tarado”
-           Claro Tomás, seguro. – Dije fríamente.
De nuevo intenté irme, sin mucho éxito.
-           Pará, pará. No te vayas. Yo… te puedo explicar. – Dijo apurado.
“Sí, claro”
-           Estoy esperando.
-           Esa chica… era solo una amiga, Idöia.
-           ¡Ja! Me voy Tomás, me deben estar esperando.
“Agh, si. Casi me olvido de todo el asunto de la peluquera.”
Me solté de vuelta y me fui. Esta vez no iba a ganar simplemente poniendo ojitos. Ojala se me hubiera ocurrido que eso no era lo que él pretendía hacer.
Al soltarme, me agarró de vuelta, si. Pero esta vez de los hombros. Me giró, y me besó.
          -          ¡Ay! – Gritó -. ¿Por qué hiciste eso?
  -          ¿Yo? ¿Por qué yo te pegué? – Dije furiosa - ¡¿Por qué vos me  besaste?!
  -          ¡Porque te amo!
  -          ¡No, no es cierto!
“No lo puedo creer ¿Me toma por tarada?”
                 - ¿Qué se supone que haga para que me creas?
     -¿Primero que nada? ¡No engañarme!
No lo soporté más. Me di vuelta y me fui. Obviamente, me volvió a agarrar.
Respiré hondo.
      Tomás, soltame.
      Si te suelto ¿Te vas a quedar?
      ¡No! No voy a estar un segundo más con vos.
    ¿Ahora quién es la melodramática?
“¡Agh! ¡No lo soporto!”
      ¡Ay! ¿De vuelta me pegás? – Se quejó
      ¡Si idiota! ¡De vuelta!
“Suficiente. No la sigo más” Me di vuelta de nuevo, pero esta vez no me agarró. Entré al salón de baile.
     ¿Adónde vas? – Escuché detrás de mí.
“Esa no es la voz de Tomás”
     ¡¿Qué?! – Dije girándome.
     ¿Adónde vas? - Dijo la voz.
“Mierda. Sí me vió.”
    Ah, Lucas. Me asustaste ¿Qué hacías ahí? - Dije sorprendida.
    No se responde una pregunta con otra ¿Adónde vas? – Respondió él, sonriendo.
“Que idiota.”
    A sentarme ¿Qué hacías ahí?
    Contemplaba una escenita bastante entretenida ¿Quién era ese? ¿Por qué te besó? - Preguntó con esa sonrisa que faltaba en sus ojos.
“Mierda, al final la sombra no era de un árbol.”
Confieso que la última pregunta me dejó bastante estupefacta: ¿Por qué le interesaba a él quién me besaba o quién no? Ahora lo veo bastante obvio.
No supe si contestarle estupefacta, como estaba, o fría e indiferente, como pensaba que se vería mejor. Me decidí por la última.
        Ese, Gelderman, es mi ex novio. No sé por qué te interesa, pero lo era.
        ¡Vaya! ¿Y por qué te beso? – Exclamó extrañamente sorprendido.
      "Buena pregunta".
        ¿Por qué te lo diría precisamente a vos?
        Porque pregunté.
      “¿Desde cuándo los chicos hacen respuestas inteligentes o ingeniosas? Primero uno, ahora otro ¿Qué les dio?”
        ¿Qué se supone que estás haciendo acá Gelderman? Perdoná pero no estoy exactamente de buen humor.
        ¡Vaya! Se nota ¿No se te ocurra pegarme a mí también, eh? Vine acompañando a Di Madrone, si tanto te interesa.
“¡¿Di Madrone?! Si claro.” Pero no se veía que estuviera mintiendo.
        Ajá ¿Y se puede saber de dónde lo conocés? Que yo sepa, no te interesan mucho este tipo de cosas.
        Primero: No, no se puede saber eso. Segundo: Sería interesante saber por qué crees saber algo sobre mí. Y tercero: Si estuviera dispuesto a hablar de eso ¿Por qué te lo diría precisamente a vos? – Dijo en son de burla.
“Claro, copiame la frase. Y ¡Que insistente con el beso!”
        Ufff… Me besó porque pensó que así me convencería de volver con él ¿Satisfecho? – Dije a regañadientes.
         No del todo ¿Cómo es eso de convencerte? Supuse que te morías de ganas de volver con él.
Agarrada por sorpresa, lo único que se me ocurrió contestar fue:
         Pues no ¿Cómo llegaste a esa suposición, si puede saberse?
Soltó una carcajada incrédula.
         Primero que nada, por tus brazos en tu cuello. Además, tardaste un buen rato en pegarle. Buen golpe, por cierto.
“Espera ¡¿Qué?! ¡Mis brazos no estaban en su cuello! Además… Wow. Es verdad. Si tardé mucho.”
          Gracias.
Fue lo único que se me ocurrió responder: ¡Me había quedado con la boca abierta!
“Que patética.”
Pero es que ni siquiera había notado que le devolví el beso, y eso, la verdad, me dejó bastante estupefacta.
          No es nada.
Dijo, acercándose a mí y cerrándome la boca con suavidad y ¡¿Ternura?! Di un respingo cuándo sentí sus labios carnosos apoyados en mi oído.
          Lindos labios. – Susurró acariciándolos.
Por un momento pensé que me iba a besar, pero no. Simplemente esbozó una sonrisa triste y se alejó por el pasillo.
“¡¿Y eso?!”
          ¡Esperá! – Grité.
“Vaya, buena hora para que mi cerebro vuelva de sus pequeñas vacaciones. Me hubiera venido bien hace un segundo.”
          ¡¿Qué fue eso?! – Le grité por el pasillo.
Pero el simplemente se giró para verme, sus ojos impresionantemente tristes y confundidos.
          No lo sé. – Me respondió después de matarme con esa mirada en sus ojos azules – No tengo la más mínima idea.
Se dio vuelta, y entró al salón.
Después de quedarme parada un segundo, salí corriendo tras él, entré al salón, y me choqué de frente contra…
“Mierda”
            ¡Ah! Eh… Hola, señor. – Balbuceé.
            ¡Idöia! ¿Se puede saber dónde estabas? – Preguntó Francisco.
Después fue que vió mi cara y agregó:
            Permitíme reformular la pregunta: ¿Quiero yo saber dónde estabas y qué te sucedió?
“Wow, si me habla con tanta suavidad, no imagino cual debe ser mi cara.”
            Principalmente, por qué estas tan sonrojada, claro. – Agregó con una sonrisa pícara.
Corrí a mirarme en el espejo. Mi largo pelo negro estaba muy desordenado, mi cara pálida completamente roja, y mis ojos marrones completamente confundidos. Pero lo peor de todo: La enorme sonrisa tonta que atravesaba mi cara.
“Esto no puede ser bueno. No puedo dejar que Lucas me vea así. Menos aún ya que ni él ni yo comprendemos lo que pasó: ¡¿De dónde sale esta sonrisa estúpida?!”
Supongo que vos ya te lo imaginás, pero en mi caso, mi cerebro había vuelto a sus vacaciones, y no tenía planes de volver pronto.
            Y… ¿Me dirás quién es el afortunado? – Dijo Francisco, aún sonriendo.
            ¡Vaya, señor! ¡Ni yo lo tengo claro! – Logré exclamar.
          "Es cierto, no tengo idea de que hace esa sonrisa enorme en mi cara" Pensé, pero en el fondo, creo que lo sabía.
           Ajá, es bastante comprensible. Pero ahora, Idöia, te vas a ir a sentar, y vas a prestar toda la atención el mundo al ballet ¿De acuerdo? – Dijo ya más severamente.
               Sí, señor – Contesté aturdida.
Sonrió.
               Bien, ve a tu lugar.
Y así lo hice, presté toda la atención que pude. Pero no se me hizo fácil, ya que durante toda la obra, sentí los maravillosos ojos azules de Lucas, fijamente clavados en .
A la salida, un número desconocido me envió un mensaje:


Nos veremos otra vez.

7 comentarios:

  1. bue, esa ultima frase fue como perturbante, mas de novela policial que romantica xDD
    en todo caso, se ve interesante, no es la historia mas original de la vida, pero escribes bien y conseguiste hacerme reir ~
    Lo unico que me "molesto" un poco fue el "acento" argentino, basicamente porque se me hace raro ver todas las tildes en otro lugar, pero supongo que es cosa de costumbre ^-^
    Seguire leyendo ~

    p.d.: te agradeceria que te pasaras por alguna de mis historias tambien http://juegodeloserrores.blogspot.com/p/cuentos.html
    (Espero no te enojes por el spam u.u)

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    1. Muchas gracias! En realidad, es cierto que soy de Argentina. Gracias por leer mi historia, ya mismo abro la tuya. Si no te molesta: ¿De donde sos?
      Malena Winderbaum

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    2. Hola Naira, quería decirte que me encantó tu blog. En cuanto puedo voy a empezar Academia de Magia. Lo agregué a mi lista de blogs favoritos en la columna de la derecha. Felicitaciones y espero que sigas subiendo historias.

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  2. Unas cachetaditas al cerebro de Idöia no le vendría nada mal, hay el amor, el amor te vuelve sorda, ciega y muda :)

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  3. Hola! Me está encantando la historia y tan solo he leído este capítulo:D Engancha jiji:3 Te animo a que sigas me encanta!! Me harías un enorme favor pasandote por mi blog, acepto sugerencias, un beso:)
    http://unaguerreraenbatalla.blogspot.com.es/

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